Gracias a un encuentro con un cliente, hoy pude desaprender una actividad más de mi vida.

Durante años tape mis miedos y mi vulnerabilidad. Las tape tanto que ni siquiera sabía que existían en mí.

Siempre me desafiaba a mí misma con experiencias al límite para sentirlas, siempre al borde de la cornisa explorando, siempre buscando la sensación de ¿hasta dónde…?

Hoy observo la cantidad de actividades y experiencias que llevé a cabo para demostrar que no tenía miedo y que podía con todo. La cantidad de experiencias que transité para auto-desafiarme.

Una de las tantas es el buceo. Más allá de amar el mar, lo que me impulsó en un principio a querer bucear fue el peligro y las personas que me rodeaban en ese momento que tenían pánico a esta actividad. Eso me impulso a iniciar en este increíble mundo, para demostrar y demostrarme que podía.

A medida que fui ampliando mi conciencia, pude comprender que aprender a bucear me entreno en muchas áreas de mi vida, asumiendo el respeto y el miedo de estar en un hábitat donde no hay lo único que necesito para vivir, AIRE.

Bucear me permitió comenzar a abrazar mi vulnerabilidad y de poco a poco verla. Me dio la posibilidad de comenzar a valorar lo básico de la vida.

Bucear me dio la posibilidad, por primera vez, de ser consciente de mi propia respiración, de la presión del agua sobre mi cuerpo, de sentirme.

 

 

Me dio la posibilidad de aprender a ir lento, de aprender a gestionar mi ansiedad para usar más o menos energía y en definitiva oxígeno.

Bucear me permitió estar tranquila en la desorientación, a no saber dónde estoy y disfrutarlo. A conectar con un nuevo lenguaje, con un compañero al cual siempre tengo al lado.

Me entrenó a no perder el contacto con el otro, respetar sus tiempos, dejarme ayudar por otra persona y acompañarme en todo momento. La cooperación es algo básico en el buceo y admito que me costó muchísimo comprender que sola no podía ir y que debía darle el tiempo a mi compañero para que se adapte a la profundidad.

El buceo me hizo ver cuán difícil fue, en su momento, esperar y aceptar que otro vaya lento, que el otro no lo haga como yo.

Poder compartir con cualquier persona que no hable tu idioma, disfrutar y acompañar, ya que bajo el agua todos nos comunicamos igual, no hace falta palabras, solo presencia e implicancia.

Tengo grabadas imágenes imponentes del mundo bajo el agua, tuve la posibilidad de observar varios tipos de tiburones, tortugas, rayas, peces de todo tamaño, estrellas enormes, corales inmensos y pequeños. Cada especie desarrolla una característica específica para aportar a lo grupal, es así como se gestionan un hábitat en equilibrio entre el consumo y la generación.

 

Pero lo que más me llama la atención es la cadena de cooperación entre las diferentes especies, cada elemento tiene su función, cada característica tiene su propósito.

 

Pasado los años comprendí que bucear me dio la posibilidad de explorar que los movimientos lentos son muy efectivos y aprendí a que dejarme sostener, dejarme llevar era más económico y productivo. Hasta ese momento mis creencias hacían ver que solo valoraba los movimientos bruscos, rápidos, las actividades con el solo propósito de competir y demostrar mis habilidades.

No consideraba realizar actividades por el solo hecho del disfrute, si hablamos de actividades deportivas y de recreación asociaba al placer y al disfrute con demostrar lo buena que era en algo.

No sabía disfrutar de actividades sin competencia, sin velocidades rápidas y bruscas.

Me sigo observando, sigo poniendo conciencia a lo largo de mi vida y es mágico lo que sucede.

Te invito a que observes cualquier actividad en tu vida, que observes que te enseñó, que habilidades nuevas entrenó en vos y que todas ellas las usas en varias áreas de tu vida.

Si hago una comparación el buceo puede ser la actividad que me enseñó a valorar y desaprender conceptos que yo tenían muy automatizados. Será por eso que amo esta actividad.

Hay reglas que amo de bucear como tener que pedir permiso al mar, al océano para explorarlo y que nada puede ser tocado, es pura observación de un ambiente mágico que te enseña el fluir.

Te muestra cómo se usan las corrientes para avanzar, cuando dejarse llevar, cuando no hacer nada, cuando nadar. Percibir los bruscos cambios de temperatura, las diferentes velocidades, ver la cooperación en estado bruto.

Realmente hoy obSERvo el inmenso entrenamiento interno y externo que uno puede explorar buceando.

 

 

Y doy gracias a mi terquedad, a mi necesidad de buscar el límite, a mí comparación, a mí inconsciencia, a tapar mi medo y mi vulnerabilidad para transitar múltiples actividades que hoy observo con conciencia y me dan tanta información para seguir creciendo.

Agradezco cada error, cada emoción mal gestionada, cada conflicto no resuelto porque gracias a todo ello estoy hoy aquí, con un abanico de experiencias para observar con nuevos ojos.

 

¿Y tú? ¿A que conflictos y errores les das gracias? ¿Qué rasgo de tu personalidad te ayudó a hacer actividades que sin ese rasgo no lo hacías?

¿Qué actividades, experiencias o relaciones comenzaste desde tu ego, de esa necesidad de demostrar, de exigirte y que hoy te haya dado un brutal crecimiento?

¿Qué te hizo desarrollar nuevas habilidades?

Como siempre digo, si tu ego aun no te deja mostrarte, puedes escribir anónimamente!!

Engañaremos a tu ego, mientras tu alma, tu parte más sabia, tu consciencia original sana y te alineas cada vez más a tu propósito.

Compartir te expande!!

Te abrazo!

E Noelia